Bulldog Francés

El vendedor de perros
Constant Laurent

No hay oficios tontos, hay oficios de timadores, empezando por el de vendedor de perros ambulante.
Antes de hablar del negociante hablemos de la mercancía.

El perro, “este candidato perpetuo a la humanidad”, como le nombra Michelet, constituye una de las familias mas variadas del reino animal.
Cada especie, en su momento, ha reinado en París.
Bajo Luis XIV, en el siglo de los grandes hombres, de grandes cosas y de pequeños perros, los carlinos y los bichones estaban en la cima. Bichones y carlinos han pasado al estado de leyenda.
Los daneses han tenido sus bellos días. ¡Que ha sido de estos bellos y grandes perros “azules”, ligeros y apuestos, que caracoleaban delante de las carrozas de caballos rivalizando en gracia, flexibilidad, elegancia y ligereza! ¿En que han quedado los daneses? Se han ido a juntar con los carlinos de Boucher y los bichones de Watteau; han desaparecido como los perros-manguito de Vanloo y las nieves de antaño.
Después vinieron los lebreles, cuyo reinado no duró mucho tiempo. ¿A propósito, sabías quien puso de moda los lebreles que hicieron furor durante los primeros años del “gobierno de julio”?
Fue M. Lamartine, cuando volvió de su viaje por Asia.
Cuando fue a Siria M. Lamartine se propuso traer numerosos documentos históricos; trajo cuatro lebreles jóvenes. Es cuando volvió de este viaje que el poeta escribió melancólicamente: “ El Oriente se resquebraja por todas partes”.
A lo que Léon Gozlan, que no era melancólico, respondió. “ Se resquebraja menos que los que vuelven”.
En cuanto a los bulldogs que los carniceros habían puesto de moda hacía treinta años, el gran peligro de las mujeres, de los niños y de los mismos militares, desaparecieron también con el establecimiento de otro tipo de espectáculos donde los bulldogs ya no jugaban un papel importante.
A los bulldogs sucedieron, por derecho de talla y de mandíbula, los terranova y los perros de los Pirineos. Pero desde “Freyschutz”, que amaba tanto a Alfonso Karr que estuvo a punto de comerle un pequeño trozo, hasta el terranova de la señorita Plessy, que casi estrangula al jardinero encargado de la madreselva de la encantadora artista, la popularidad y comercio del terranova ha descendido notablemente.
Después vinieron los Blenheims, los Black Spaniels y el King-Charles, buenos pequeños animales, dulces, cariñosos, inofensivos, pero muy tristes después de la muerte de Charles I, del que lloran aun su trágico final, lo que les hace muy interesantes.
Hoy en día es el terrier-boule que triunfa, lo cual tiene su razón de ser ya que su éxito se explica por su utilidad.
La demolición de las viejas casas parisinas dejó en la calle a millones de ratas. Lanzadas al pavimento sin advertencia previa y sin indemnizar, no encontrando ni un solo cuchitril o nido de ratas donde reposar su cabeza,y, se instalaron en las nuevas construcciones.
Se ha buscado, por todos los medios posibles, oponer un dique a esta marea invasora. Arsénico, estricnina, pasta fosforada, gatos, ratoneras, trabucos, trampas, porras. Todo ha sido utilizado sin éxito, la marea siempre sube.
A la desesperada se ha tenido que recurrir a los terriers.
Ahora, los roedores que se pitorreaban de los venenos, gatos y trampas ya no se ríen tanto. Y es que, un buen terrier cuando la caza abunda, puede despachar media docena de ratas en un minuto. Un golpe de dientes sobre los riñones y… arreglado.
¡Dame un gato que sea capaz de hacer esto!
El vendedor de perros, pues, se ha lanzado sobre los terriers que desde hace dos años son codiciados por todas partes.
El vendedor de perros (ni que decir hay que solo nos proponemos hablar del ambulante, siempre en búsqueda de un comprador simple y de gran fe) es casi siempre un antiguo guarda o capataz; a menos que no sea un palafrenero a media paga o un negociante de poco pelo jubilado.
Cada día se le puede encontrar en los bulevares llevando un joven terrier bajo cada brazo y un caniche blanco con correa y pompon rojo. A veces lleva también un havanes sacado del arrabal del Temple o de la barriada de Fontainebleau.
No se aconseja mirar sobre su jauría, pues él hará un discurso que será tan largo como desde la Bastille a Madeleine, y date por contento si vuelves a tu casa sin tener dos luises de menos en tu monedero y dos perros de mas en tus bolsillos.
El comercio de chalán de perros varia según las estaciones. El negocio va tirando durante al invierno y la primavera, pero la temporada alta es en julio y agosto, cuando se desembala el articulo “perros de caza”. Es entonces cuando el vendedor lanza su discurso.
“¿Señor quiere un braco de raza?, he aquí lo que busca; que el señor, que es entendido, eche un vistazo a este hocico taimado, a estas orejas avispadas, a estos bribones ojos, a esta cola bulliciosa; se le puede llamar el rey de los bracos. Yo no lo he vendido ayer al barón de Lambert por 500 francos, pero para al señor que tiene ojo de cazador, se lo dejo en 200 francos, con el collar incluido”
No se te ocurra ofrecerle 50 francos, pues nada mas dicho eso te pondrá la correa del rey de los bracos en la mano. Los vendedores de perros nunca tienen escrúpulos. Pídele lo que quieras, él lo conseguirá al día siguiente a la hora que se le diga. ¿De donde lo sacará? No se sabe. Pero seguro que lo entregará a la hora convenida. Ya sea un perro de Madagascar, de Labrador, del país de los esquimales o de las pampas de América del Sur.
Es sabido ( él no lo sabe) que los perros esquimales son mudos.
Uno de nuestros amigos, naturalista de profesión, le pidió a uno de estos vendedores que le encontrara un perro esquimal autentico. Al día siguiente el vendedor le enseño un perro de ganado de aspecto patibulario. La primera cosa que hizo el perro fue enfrentarse al naturalista cuando le quiso acariciar.
- Pero, ¿de donde diablos ha salido este perro?
- Del país que dijiste directamente.
- ¡No digas! Los perros esquimales son mudos y este tiene voz de barítono acatarrado.
- Señor, era mudo como una tapia cuando lo he recibido, pero llegó hace un mes. Los primeros días no dijo ni palabra. Al cabo de una semana gruñía un poco, pero él no ha comenzado a enfrentarse hasta antes de ayer. De resto, señor, puede ver que tiene el acento del país.

Otra historia:
Un aficionado a la caza, gran montero, descubrió un bonito spaniel.
- ¿Este perro está en venta? Le pregunta el cazador.
- Si, señor, con gran pena. Le he criado, le he educado, le…
- Y, ¿lo vendes…?
- Señor, según.
- ¿Según que?
- Según donde vivas, en París o en la provincia.
- No veo la diferencia.
- Lo que hace la diferencia es el precio. Para París son 50 francos, para las provincias son 200 francos.
- Ahora entiendo menos. En fin…lo compraré para la provincia pero has de descifrarme el enigma.
- Nada mas simple. Este perro que ves es un tesoro. Cuando lo vendo a una persona de París siempre vuelve al cabo de 8 horas; así yo lo puedo volver a vender unas 52 veces al año, mientras que si lo vendo a un cazador de las provincias, adios muy buenas. Es preciso educar a otro. ¿Me entiendes ahora?

Buena pregunta:
¿Por qué el vendedor de perros de caza no ofrece casi nunca mas que perros jóvenes. Muy fácil.
Un veinte por cien de los perros mueren entre los ocho a los diez meses. El vendedor hace el siguiente calculo: vendo el perro vivo a quince francos. Si lo vendo muerto la piel vale 75 céntimos. Vendiéndolo a los tres o cuatro meses tendré un beneficio de 14, 25 francos.

Un buen aviso para los cazadores.
No compres nunca un perro de caza de seis meses. Es pan para hoy y hambre para mañana. Haz la cuenta:
A poco que el animal tenga una agradable fisonomía, una mirada tierna, y una cola alegre y amistosa, el vendedor va a pedir al menos 25 francos. Son ya 25 francos
El adiestramiento en casa de un guarda que se encargará de su educación costará 30 francos al mes. Tres meses son 90 francos.
Así el total son 115 francos
El perro ha cumplido nueve meses; busca bien, se para bien, cobra concienzudamente. Pero la enfermedad sobreviene y se lo lleva. He aquí 115 francos y el perro en la tumba.
Así que, amigo cazador si tienes necesidad de un perro “serio”
Compra un braco, un epagneul, un basset, un barbet (un barbet sobretodo) a un guardia, a un granjero, a un terrateniente, a un cazador furtivo, a quien quieras. Pero, ¡por Dios y por San Huberto! No compres jamas a un vendedor de perros, a menos que quieras hacer un regalo a un enemigo o a un acreedor.

"La chasse illustrée". Agosto 1868. Publicado en el boletín del Club del Bouledogue Français nº2. 2004

Este pequeño relato aun, después de 136 años, sigue tan vigente como entonces: No compres nunca un perro a un mercachifle de animales

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