Bulldog Francés

Los "primeros años"
S. Savage
segunda parte

French Bulldog and owner No era muy común tener que quitar la cola a un perro, pero cuando esto era necesario se hacía a las dos semanas de edad. Arthur tenía unas tijeras muy afiladas, ¡mi padre unos dientes igual de afilados! Quitaba la cola de un mordisco limpio.
Los criadores de Terrier acudían a mi padre con sus cachorros para "la operación". Yo solía sujetar el perro. Con los dientes medía la cola, una, dos, tres vértebras y... zas con los dientes, mas limpio imposible.
Ya he hablado antes del perro pied, al que corregí la oreja. Los pied eran poco comunes, y todos los criadores tenían la ambición de producir un buen ejemplar. No había normas ni reglas acerca de como conseguirlo, tampoco garantías de que cruzando tal perro con tal perra produjera cachorros del mismo color .
Mi padre y Arthur pensaban introducir algo nuevo en sus líneas. Teníamos una hembra de Bulldog Inglés, Sally, la perra mas fea que he visto en toda mi vida, sin embargo era muy cariñosa y fiel. Fue una madre estupenda en todos los sentidos, hasta con los cachorros de otras perras. También su coloración tenía gracia, brindle oscuro y blanco.
Ya creo que Sally debía haber pensado que era su cumpleaños cuando le presentaron a un "francés elegante, guapo y marchoso". Tuvo una camada de seis y todos los cachorros salieron bien, ¡pero mas negros que la noche! Me gusta pensar que debe de haber mas de un Frenchy pied, hoy en día, que tiene que ver con aquel experimento con la vieja Sally.
Recuerdo haber visto a un perro totalmente blanco que causo sensación. Creo que era albino. La verdad es que no tenía una pinta muy agradable, con la nariz y alrededor de los ojos de color rosa.
Algunos de los brindle claritos tenían la nariz de color chocolate, "dudley nose" se llamaba. Fue considerado un fallo grave, y mas de una vez oí de algún criador que había utilizado tatuaje para corregir ese fallo. No puedo jurar que sea cierto pero tampoco me extrañaría.
A los 25 años mi conexión con el mundo del perro terminó, el circulo de la crianza ya no existía, yo era un joven con otros intereses y pronto habría guerra con Alemania.
Mi interés reavivó mucho mas tarde cuando tenía unos 50 años. Era mi pasión vagabundear por las tiendas de segunda mano, sobretodo las librerías. Parecía que cada barrio tenía por lo menos un par de ellas, últimamente han ido desapareciendo. Fue así como un día encontré un maravilloso libro de perros del año 1900. Fue el libro con mas información sobre los perros del siglo XIX que he visto nunca. Tenía mas de 60 retratos de perros de la era victoriana. Algunas razas ya no existen y otras han cambiado mucho. Cada perro y su dueño vienen con su nombre, casi todos campeones, algunos en propiedad de la familia Real. Los grabados fueron sacados de los dibujos hechos por un conocido artista victoriano al que la editorial hizo el encargo. Los dibujos no tenían adornos superfluos, solo lo esencial, buenos dibujos en blanco y negro, un fiel reflejo del perro y su amo, dibujados a la perfección.
La pagina 267 me golpeó como un rayo. Había un dibujo de nuestro amigo el Frenchy, pero llamado "Toy Bulldog". ¿Habría tenido razón el viejo Arthur? El texto lo decía muy claro, los mejores ejemplares procedían de Francia. El perro del dibujo tiene "orejas de rosa". "Orejas de tulipa" eran lo mas popular en la época, pero los puristas todavía querían "orejas de rosa".
Invertí mucho tiempo en dar con la editorial del libro, lo cual no era fácil porque había cambiado de nombre. Cuando por fin les encontré traté de persuadirles que deberían de sacar una edición de los grabados. Podía tener mucho éxito entre los amantes de los perros de todo el mundo. Con las técnicas modernas de la imprenta no debería de ser un trabajo muy difícil. Pero por desgracia no tenían ningún interés en tal obra, publicaban libros, no grabados.
Sin embargo, me dieron permiso para ver si alguna otra editorial especialista en grabados quería hacerlo, siempre que les mantuviera informados de cualquier novedad.
Tenía ya mas de 70 años, estaba mayor y no me sentía con fuerzas para visitar a las editoriales con mi idea de los grabados. Pero sí hice unos pequeños experimentos por mi propia cuenta. El resultado fue un par de ejemplares, hechos en papel de calidad, que con un buen marco, no estarían fuera de lugar en cualquier salón.
Es una lastima que ese trozo de la historia de los perros ingleses del siglo XIX solo se vea perpetuado dentro de las polvorientas páginas de unos viejos libros.

Extraído de: "The French Bulldog" UK. 1987

Continuará

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