Bulldog Francés
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Principios del XIX


Llegados a este punto, tenemos una raza a la que hay que suavizar el carácter para que se pueda dedicar, por ejemplo, ¿como perro de compañía? ¿para dar aviso? Quizá las dos cosas. El Pug, como se llama en Inglaterra al Carlino, parece que tuvo mucho que ver, en darle al Bulldog mas diplomacia. Los ejemplares no deseados se eliminaban, pero ¿se vendieron algunos a precio mas bajo? Estos, quizá destinados a las clases humildes, eran desdeñados por los amantes del bulldog nacional. A partir de aquí tenemos ya dos líneas raciales diferentes: el Bulldog Inglés y el English Toy Bulldog. De este último se deriva el Bulldog Francés.

Revolución Industrial en Inglaterra

Inexplicablemente, los Toy Bulldogs se hicieron muy populares en la región de Nottingham. Cuando la crisis económica del siglo XIX favoreció la emigración del grupo de los textiles a Francia, la mayoría de los encajeros de Nottingham se trasladaron a Caláis y se llevaron a sus pequeñas mascotas. Se distinguían por sus orejas en forma de concha. Este pequeño Bulldog cruzado con los "terrier-boules" (no confundir con el bull terrier), que se encontraban en manos de los carniceros y tratantes de ganado del matadero de la Villette de París, dieron forma al Bulldog Francés. Un poco después los cocheros, zapateros, vendedores ambulantes y hasta agentes de la policía se entusiasmaron con el "pequeño boule". Se convirtió en la mascota parisina de los artesanos y gente humilde. Su físico, su reducido tamaño, su peculiar fisonomía y su carácter, absolutamente encantador, se adueñaron de los aficionados a los perros de cara chata. También fue el favorito de las mujeres de las casas publicas, donde las "chicas de la Belle Époque" lo mantenían, quizá, como una excentricidad.

Finales del siglo XIX en Francia

Fue entonces cuando la clase alta, a través de los cocheros y de las casas de citas, descubrió y empezó a enamorarse de este pequeño perro de inquietante y persuasiva mirada. Inmortalizado por Toulouse-Lautrec, en su cuadro "Le marchand des marrons" en 1897, el Bulldog Francés, paseaba los grandes bulevares. Mistinguett, Colette, Mac Orland, el rey Eduardo VII con su perro Peter en Inglaterra, fueron algunos personajes aficionados de la raza. Es de destacar el perro de la princesa Tatiana de Rusia, Ortino, su esqueleto fue encontrado junto al de su dueña cuando exhumaron los restos hace unos años. En Austria, en Alemania y por supuesto en Estados Unidos la raza adquirió un notable protagonismo.
La carrera del Bulldog Francés empezó de verdad en 1880 al fundarse una asociación que, cada semana, reunía a una cincuentena de aficionados y criadores parisienses.
En 1885 se abrió el primer registro con carácter provisional. El Bulldog Francés participó con ese nombre por primera vez en una exposición oficial en 1887. Al año siguiente se elaboraron los estatutos del club a iniciativa de Marcel Roger, primer presidente elegido y gran amante de la raza. Sin embargo, hubo que esperar diez años para que la Sociedad Canina se interesara de verdad por la raza. Esto ocurrió cuando la Sociedad Central Canina Francesa sugirió que, el grupo formado por Gordon Bennett, llamado los Amantes del Bulldog Francés, y el Bouledoge Club de Francia (presidido por Marcel Roger) se unieran. Tanto los unos como los otros lo admitieron, y de ahí surgió el Club del Bouledoge Francés tal y como lo conocemos ahora. El presidente fue Menans de Corre y el vicepresidente Gordon Bennett.



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