Bulldog Francés

Tía Carrie y el belga atrevido
Sid Savage


Se hacían muchos esfuerzos para producir perros pequeños de 5 ó 6 kg, puedo recordar que se ofrecían grandes sumas de dinero por estos animales. En la exposición que se realizó en el Agricultural Hall se llegaron a ofrecer 100 libras por un pequeño perro criado por Mr. Tom Gutteridge de Barnsbury en Islington, un barrio de Londres.
A pesar de que se buscaban pequeños, hubo una ocasión en la que un verdadero gigante batió todos los récords en una exposición realizada en el Royal Horticultural Hall. Cuando se anunció la exposición dijeron que se había traído un juez del continente, de Bélgica, en realidad. Tan pronto como mi padre y mi tío, Arthur Gutteridge se enteraron, llamaron a mi tía Carrie. Por éste tiempo, mi tía tenía un semental muy popular. Era un prolífico y buen espécimen. Su único defecto para nosotros estaba en que era grande, muy grande, probablemente tenía el peso máximo aceptado por el Club.
Mi padre y Arthur sugirieron a mi tía Carrie que debía de inscribir al perro en la exposición. Al principio se rehusó, el perro había sido mostrado solo una vez y no consiguió ni siquiera un V.H.S. Así que a Carrie no le apetecía mostrarlo a un juez extranjero.
Después de darle muchas explicaciones sobre el estándar continental, la convencieron para inscribir al perro, sin embargo ella estaba muy reacia todavía. El día del show llegamos al escenario dispuestos a batirnos con los Towsend Green, los Reckitt, los Coleman, los Resmoir Gordon, etc.
Después del primer pase de la primera clase, Carrie se acercó y me preguntó si el juez había mostrado algún interés en el perro. Yo dije, “Carrie, él no a mostrado interés en ningún perro, sus ojos no te han dejado un momento desde que pisaste el ring y si tu usas la cabeza te dará el Horticultural Hall entre los premios” En esto, los ojos de Carrie se iluminaron y puso manos a la obra. Las miradas de soslayo, la sonrisita, el aspecto recatado, el belga ya estaba en el bote. Hay que pensar que Carrie era una atractiva mujer y, con su abrigo de pieles y su sombrero de plumas, destacaba entre las demás mujeres de aspecto mas bien formal.
Ella y el perro ganaron todo, incluyendo el BIS. Si el juez estaba intentando impresionarla ciertamente lo consiguió. No me cogió de sorpresa cuando Carrie me dijo que cuidara al perro y lo llevara a casa sano y salvo. Lo último que vi ese día del juez y Carrie fue que estaban en la barra del salón pasándolo realmente bien.
Esto no ocurriría hoy día, o quizá si…
Después de éste maravilloso premio el precio de la monta se incrementó en unas guineas mas, incluso para mi padre y Arthur que estaban esperando, al menos, una monta gratis (de el perro, ¡por supuesto!) como pago a sus consejos y esfuerzos. Sin embargo esto no sucedió y llevó a una disputa familiar que duró mas de un año. Creo que el juez no fue invitado otra vez con mucho pesar por parte de tía Carrie.
Desgraciadamente para el perro no vivió muchos años, sobre cuatro, debido a su gran demanda como semental que fue ayudada por algunos estimulantes. Supongo que fue una vida feliz, aunque corta.
Todo esto ocurrió hace unos cuantos años, al principio de los años 20. Me sigo preguntando hoy día si la decisión de mi padre y Arthur se baso en su conocimiento del estándar continental o en el gusto del juez sobre las mujeres. Así que sugiero a todos los dueños que hayan tenido mala suerte alguna vez con los jueces, que consigan una chica de portada de revista para presentar su perro, a lo mejor la suerte les sonríe, nunca se sabe ¿verdad? Carrie fue premiada con el encantador bronce de un Frenchie. ¿Todavía se da éste premio? ¿Me pregunto quien lo tendrá ahora? (Ed. El French Bulldog Club of England todavía premia con un bronce de un Frenchie al ganador del BIS del Open Show que se celebra en octubre cada año.)

Publicado en “The French Bulldog” nº 7. Inglaterra. 1988


No te coloques entre tu perro y el juez porque asi
no conseguirá una buena visión del perro y éste nunca ganará

volver